He escrito algunos artículos respecto a lo que se necesita para tener programas evangelísticos efectivos en nuestras iglesias. Hasta el momento hemos identificado tres fundamentos claves: Necesitamos amar sinceramente a la gente que no es cristiana, tenemos que fijar objetivos evangelísticos claros, y debemos tener una idea clara de lo que es el evangelio. En este artículo me gustaría abordar otros dos aspectos igualmente fundamentales.
En primer lugar, si en realidad queremos ser iglesias evangelísticas, tenemos que identificar nuestros valores como gente llamada a «anunciar las virtudes de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia». El evangelio es una oportunidad de redención. Es una invitación a vivir una vida más completa y verdadera; una llamado a tomar el camino que asciende hacia el cielo. Creer en el evangelio supone que comparemos los valores del mundo con la esperanza que se realiza en el reino de Dios, y que rechazamos los valores mundanos para hacernos ciudadanos del reino. Compartir el evangelio con otros es instarlos a renunciar a sus convicciones y patrones de comportamiento previos, para aceptar el «typos» que presenta el maestro de Galilea. Obvio que tenemos que preguntarnos ¿realmente valoramos su «typos» de vida? No podemos predicar Su evangelio, mientras mantengamos los valores y modelos del mundo. Predicar el evangelio es un asunto de vida y experiencia. No decimos: «oye lo que quiero decirte», si que decimos: »ven y ve lo que hemos encontrado en Jesús». Cuando la gente venga a nuestras iglesia, necesitan ver que realmente somos gente comprometida con ser discípulos que quieren vivir la propuesta del Salvador.
Finalmente, si queremos que nuestras iglesias crezcan, tenemos que estar dispuestos a invertir tiempo y recursos. Se necesita gente para anunciar el evangelio. La gran comisión dice: «vayan». No podemos esperar que la gente venga a nuestros edificios. Tenemos que ir a donde están. En todas partes, hay gente que necesita oír el evangelio. Hay miles de personas que deben ser despertadas con el llamado del evangelio y por el impacto de la Semilla de Buenas Nuevas, creciendo y germinando en sus comunidades. Pero tiene que haber gente que enseñe, siervos que planten, obreros que recojan. La mejor estrategia de crecimiento fracasa, sin recursos ni obreros. Por consiguiente al pensar en nuestra estrategia de evangelización cada uno de nosotros tiene que preguntarse concienzudamente: Realmente estoy listo para invertir en este esfuerzo? Mi tiempo y mis recursos están realmente comprometidos con el Evangelio? Realmente creo en la Gran Comisión? Recuerda que TU eres una parte FUNDAMENTAL en la evangelización.