El reto actual de la evangelización
September 22, 2007 by dialegomai
Cuando estaba dando mis primeros pasos en la fe de Cristo, allá por los años setenta, en Santafé de Bogotá, Colombia, me encontraba con frecuencia entusiastas ateos que ufanamente declaraban su escepticismo ante lo que ellos consideraban la irracionalidad de la fe. En aquellos días leí con avidez el libro traducido por Juan Antonio Monroy “Razón, ciencia y fe” de J. D. Thomas. Había que encontrar respuestas a los punzantes cuestionamientos de los ateos. No querían creer. Todas las afirmaciones de la fe les parecían necedades ridículas de los que “por pura ignorancia optábamos por la religión.” Supongo que aquellos eran los últimos vestigios de una efímera era de incredulidad. Hoy vivo en Dallas, en medio de una sociedad tecnológicamente sofisticada, donde el torrente de información es abrumador, y con sorpresa observo que la gente ha dejado de ser incrédula. Ahora se lo creen todo, ¡cualquier cosa!
El reto actual para los que evangelizamos no es que la gente piensa y pregunta mucho. Es que no piensa, ni pregunta; simplemente cree. Ya a principios del siglo pasado, observaba con atino Gilbert Keith Chesterton, prolífico escritor y apologista inglés que “desde que los hombres han dejado de creer en Dios, no es que no crean en nada, creen en todo.” La nuestra es una generación de gente ávida de trascendencia y de fe. El problema es que habiéndole dado la espalda al Dios verdadero y a su Palabra revelada, no tienen manera de constatar si su fe es verídica o no. Pero no les importa. Creen porque necesitan creer.
Muy distinta fue la experiencia evangelística del apóstol Pablo en el primer siglo. Con frecuencia su punto de partida era el encuentro con los congregados en la sinagoga en torno a la Escritura. Había un punto de coincidencia. Todos creían que las Escrituras eran fidedignas. Lucas incluso nos cuenta que cuando Pablo y Silas llegaron a Berea encontraron a unos judíos de “sentimientos más nobles que los de Tesalónica, de modo que recibieron el mensaje con avidez y todos los días examinaban las Escrituras para ver si era verdad lo que se les anunciaba” (Hechos 17:11).
En la actualidad son pocos los que están dispuestos a indagar y confirmar sus creencias. No quedan muchas “Bereas” en el mundo. Frente a los afanes y la agitación de la vida moderna, la gente ha optado por una solución pragmática: Hay que creer, no importa en qué; pero hay que creer. Por eso han proliferado toda clase de especulaciones metafísicas, mágicas, esotéricas y espiritistas. Han surgido un sin número de sectas y de escritores y “maestros ascendidos” cuyas obras fácilmente se convierten en best sellers. El hombre de hoy consulta el horóscopo, aprende budismo, lee a Conny Mendez, se interesa por el ocultismo, acepta la quiromancia, reza, cree en ángeles y espíritus; pero nunca se le ocurre pensar si es verdad lo que cree. Muchos leen la Biblia; pero solo para mitigar su sed de creencia. Realmente no están dispuestos a preguntarse con seriedad: ¿Es la Biblia en verdad la Palabra de Dios? Así pues, el gran reto para la evangelización actual es conducir a Jesucristo a toda esta gente crédula, que en su sed de misterio y trascendencia fácilmente se mueve de acá para allá, sin otra brújula que su propio vacío espiritual.
Estimado Henry, tu reflexión constata la necesidad de una apología “extra muro”, para salir al paso de esa “credulidad” que socaba la verdadera fe, que debe ser siempre una fe “ilustrada”.
En ello estamos,
Saludos,
Emilio
Gracias, Emilio, por tu atinada síntesis. Yo aprecio mucho tu ardua labor apologética que constantemente nos desafía a ir más alla de aquella simple “credulidad que socaba la verdadera fe”.
Abrazos
Henry