Pienso que la evangelización se lleva a cabo en tres momentos distintos. En primera instancia nos encontramos frente a frente con una inmensa masa de individuos que, viviendo bajo la opresión del pecado, ni siquiera se percatan de ello. Muchos incluso están convencidos de que no es posible mejor vida que la que están viviendo. Estos se parecen a aquellos judíos que cuando Jesús los increpó a conocer la verdad para ser verdaderamente libres (Jn. 8:32) respondieron con orgullo furioso: “Nosotros somos descendientes de Abraham y jamás hemos sido esclavos de nadie”. Estas personas desconocen por completo la astucia y el engaño del diablo. Son, tal vez, demasiado optimistas acerca de la inteligencia humana, su capacidad para resolver problemas y su potencial para asegurarnos un futuro exitoso. Si creen o no creen en Dios realmente no importa; porque sus convicciones son personales y acomodadas a sus gustos, intereses y preferencias. Sin que ocurra un cambio radical en su corazón estas personas no podrán jamás ser discípulos de Jesús, aunque vayan cumplidamente a alguna iglesia.
¿Qué podemos hacer frente a ellos? La vida de Jesús nos da la pauta. Todo el ministerio de Jesús fue un constante reto para ellos. Con sus acciones y su enseñanza dejó siempre bien en claro que los caminos del mundo y el camino del cielo jamás se pueden encontrar. Jesús marcó, por así decirlo, una vereda paralela a los caminos del mundo; pero en sentido contrario. Hay que caminar hacia Dios, no contra Él. Esta es, pues, la primera instancia que debe estar presente en todo esfuerzo verdadero de evangelización: Hay que establecer la diferencia, ser alternativa.
Por otra parte, mucha gente siente y sufre bajo la opresión del diablo. Seguramente no saben exactamente qué les está pasando; pero, como diría Jesús, se sienten “cansados y cargados”. No entienden la maligna dinámica de su esclavitud y muy probablemente ni siquiera se dan cuenta que son realmente esclavos. Simplemente su carga diaria y su sufrimiento les hace desear una vida mejor, intuyendo una posibilidad de liberación. Estas personas no tienen ninguna esperanza verdadera, mientras no se den cuenta de su condición de esclavos. Muchas religiones, grupos y sistemas de vida les ofrecen alivio y, con frecuencia, los engañan haciéndolos creer que hay un camino rápido y fácil para salir de su condición. Pero la puerta del escape jamás es la solución. Uno tiene que darse cuenta de su verdadera condición y asumir el reto de tomar la cruz para poder, con la fe de Jesús, obtener la liberación propia y la de los que lo rodean. En esta instancia la evangelización asume el reto de la concientización. Mediante la tarea evangelística, el hombre adquiere conciencia de su opresión y del potencial de la fe para logar su libración.
Finalmente, una vez el individuo se da cuenta de su condición y del camino que le propone Jesús e inicia su vida hacia la libertad, viene una tercera instancia, en la que la evangelización consiste en promover su formación personal de hombre nuevo dentro de la comunidad cristiana. En este momento uno que tiene que reflexionar sobre sus acciones y decisiones personales y comunitarias para darles sentido dentro del nuevo proyecto de Jesús, de modo que su fe y su libertad se fortifiquen, convirtiéndose así en agente de liberación para otros y en verdadero ciudadano del reino de Dios.
Establecer la alternativa en una sociedad inmoral y alejada de Dios, despertar la conciencia de los oprimidos del diablo sobre su condición y el camino real hacia la salvación, y promover la formación de hombres nuevos en el seno de comunidades cristianas locales son los tres momentos de la evangelización. Estos momentos deben ocurrir simultáneamente a medida que la iglesia realiza su labor bajo la pauta del Espíritu santo. Por esta razón el uso de las tecnologías emergentes nos presenta un reto: no reducir la evangelización a la propaganda.
La naturaleza misma de estas tecnologías y el uso predominante que se les da pueden llevarnos a pensar que su función primordial es hacerle publicidad a nuestros programas. Hay que alejarse de ese paradigma. Es necesario mantener en mente por lo menos dos cosas: Primero, las distintas herramientas que pone en nuestras manos la tecnología no nos dan el control del proceso evangelístico. Esta es obra de Dios. Segundo, evangelizar es más que promocionar algún tipo de servicio, ideología o programa. Es concienciar, liberar y formar.
Magnífico escrito, hermano
Y muy cierto lo que dices.
Mira tengo enlaces sobre el tema, que estoy seguro que te interesarán:
http://del.icio.us/oopsh/e-v%2Bbasic
Jaaziel, gracias por tu comentarios y los buenísimos enlaces que compartiste. Me encantaron los articulos y los estaré digiriendo y saboreando. Me han sido de bendición personal.
Me alegro mucho mi hermano. Gracias a ti por compartir.
Un abrazo